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sábado, 5 de noviembre de 2011

A VERSAILLES


A todos los que trabajaron con amor

por este barrio,

 en especial al Padre Julio Menvielle.





Larga es tu historia,

Para hondar en tu pasado,

Hay que penetrar en tu memoria,

Que los mayores han resguardado:



El rondar en tus orillas

El arroyo Maldonado,

Una pequeña capilla

Con Jesús Sacramentado.



Y la Madre bendita

El Océano ha cruzado

En sus brazos acurrucando

A quien al hombre ha Salvado.



Y un marzo fue llegando,

Y a este barrio amando,

Un simple sacerdote,

Que la obra de Dios fue ejecutando.



Aquella pequeña capilla,

Según afirmación del cardenal,

El cura fue transformando

En casi una “Catedral”



Cine, juegos,  escultismo católico,

Y un gran Ateneo Popular,

Para deportes practicar

Y a todos los vecinos albergar.



Armas muy efectivas,

Para  niños y jóvenes alejar

Del mal de las calles

Que sus almas podían dañar.



Llegaba a tú estación

Un hermoso trencito,

Un día molesto y

Lo sacaron rápidito.



Son estos recuerdos

Los que he aprendido,

Escuchando y escuchando

A quienes lo han vivido.





Una frondosa arboleda

Tus calles va cubriendo,

 el dulce trinar de las aves

El amanecer van precediendo.





En tus  plazas,

Los juegos de la bendita infancia,

La charla y el paseo de los abuelos

Y el primer amor de la adolescencia.



Versailles, de mi alma,

Fuiste cuna de mi vida,

Acunaste mi primer sueño.



Dios me de la gracia,

De que también lo hagas

Cuando me llegue el eterno.


Nota: Una versión anterior fue publicada en un libro editado en homenaje a Leopoldo Marechal, como fruto de un concurso.

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