A todos los que trabajaron con amor
por este barrio,
en especial al Padre Julio Menvielle.
Larga es tu historia,
Para hondar en tu pasado,
Hay que penetrar en tu memoria,
Que los mayores han resguardado:
El rondar en tus orillas
El arroyo Maldonado,
Una pequeña capilla
Con Jesús Sacramentado.
Y la Madre bendita
El Océano ha cruzado
En sus brazos acurrucando
A quien al hombre ha Salvado.
Y un marzo fue llegando,
Y a este barrio amando,
Un simple sacerdote,
Que la obra de Dios fue ejecutando.
Aquella pequeña capilla,
Según afirmación del cardenal,
El cura fue transformando
En casi una “Catedral”
Cine, juegos, escultismo católico,
Y un gran Ateneo Popular,
Para deportes practicar
Y a todos los vecinos albergar.
Armas muy efectivas,
Para niños y jóvenes alejar
Del mal de las calles
Que sus almas podían dañar.
Llegaba a tú estación
Un hermoso trencito,
Un día molesto y
Lo sacaron rápidito.
Son estos recuerdos
Los que he aprendido,
Escuchando y escuchando
A quienes lo han vivido.
Una frondosa arboleda
Tus calles va cubriendo,
el dulce trinar de las aves
El amanecer van precediendo.
En tus plazas,
Los juegos de la bendita infancia,
La charla y el paseo de los abuelos
Y el primer amor de la adolescencia.
Versailles, de mi alma,
Fuiste cuna de mi vida,
Acunaste mi primer sueño.
Dios me de la gracia,
De que también lo hagas
Cuando me llegue el eterno.
Nota: Una versión anterior fue publicada en un libro editado en homenaje a Leopoldo Marechal, como fruto de un concurso.
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